Verónica Domingo Alonso


Verónica Domingo Alonso

vero‘The sound of the Landscape’

Sonido, ritmo, armonía, vibraciones, silencios, pausas, movimiento,…la naturaleza es una fuerza viva en constante cambio. Su continuo fluir, pulsaciones, sonidos y silencios nos mecen, día a día, en un ambiente mágico en el que paisajes, sueños y anhelos se entremezclan creando con nuestro ‘yo’ mundos paralelos.

 "The sound of the Landscape" surge del deseo de plasmar y transferir el poder hipnótico y místico que emana de la musicalidad salvaje y primitiva, pero no exenta de sensualidad, proyectado por la naturaleza en su estado más puro y que da lugar a la creación de imágenes llenas de sensibilidad y belleza.

 Críticas

BLANCO SOBRE NEGRO; LAS MISTERIOSAS DERIVAS DE LA TINTA RECORRIENDO EL PAPEL
 Es trabajando como formulo mi pensamiento. Tapies

 Cuando un instrumento capaz de registrar un trazo sobre un soporte deja un rastro palpable nos damos cuenta que se acaba de producir un hecho encomiable y significativo. Tanto sobre el muro de piedra como sobre el papel, el pigmento recorre una superficie aparentemente azarosa mientras penetra en sus poros, a medida que el druida recita las correspondientes letanías litúrgicas en medio de un rito místico o el pintor escucha una melodía sinfónica e inspiradora en su taller. Ambas situaciones, a la vez tan antiguas y tan contemporáneas, acontecen en un plano físico y simbólico de 'sentidos materializados' como intuyó Paul Cézanne, uno de los grandes artífices de la modernidad en arte. A partir de ahí, "serán nuestras telas las que perpetúen la consciencia del mundo" y marquen las etapas de la humanidad; "desde los renos de los muros de las cavernas hasta los acantilados de Monet. […] De los cazadores, de los pescadores […] de las mitologías […] se eleva su testimonio, surge un espíritu: la memoria objetivada"1; acaso permanencia acumulada de tiempos pretéritos atrapados en remansos o reductos emocionales2.

 Esta idea nos remite a "algo tan propio del 'arte' como la 'capacidad de crear'; una característica intrínseca al ser humano que se manifiesta ya desde los primeros momentos de su relación con el mundo". A instancias de lo cual, "una obra de arte no nace del azar, se da dentro de un contexto simbólico propio de la cultura que lo produce". No obstante, cuando el leve surco de la pincelada y la mancha expansiva precisan una sucesión de formas y sombras traídas a presencia en una serie armónica e inteligible para el intelecto, ya no hablamos tanto del azar sino de esa 'estructura auto-sostenida' que constituye todo un 'regalo afectivo y meridianamente efectivo. En ese momento nos preguntamos por los 'sonidos de los parajes' que Verónica Domingo elabora con maestría, con la combinación de unos ritmos de 'pausas y vibraciones', 'sonidos y silencios', 'sueños y anhelos' que recrean 'mundos simultáneos'.

 Entornos favorecidos por la supremacía de la subjetividad cuando busca y encuentra un deleite estético que "significa gozar de uno mismo en un objeto sensible, distinto a uno" tal como aseguraba Worringer en Abstraction et Einfühlung, pero que se revela, sin embargo, en una 'expresión quieta' y contenida, donde reconocemos que "todo objeto es una sensación nuestra. Todo arte es la conversión de una sensación en objeto. Por tanto, todo arte es la conversión de una sensación en otra sensación" 'figurada'; esto es, 'hecha figura'. Si esta primera vía consolida un arte básicamente introspectivo y de 'expresividad callada' existe paralelamente otra senda por la que el sujeto se confronta en lo colectivo; una visualización más paisajística y extendida, que en primer lugar conecta con los imaginarios compartidos de Castoriadis y en último término con la cultura que se construye en la interacción de las personas con el medio y va tomando cuerpo en base a un andamiaje de usos, costumbres, creencias y paradigmas, los cuales constantemente se renuevan y evolucionan desde unas evocaciones primigenias y a menudo fortuitas.

Entre lo uno y lo otro atisbamos quizás las espesas brumas nostálgicas de Caspar David Friedrich, los frailes solitarios que preconizan el resplandor de la 'nada como horizonte' pero también la simbiosis luminosa y equilibrada entre el dibujo y la música que nos propone Verónica, remitiendo al espectador hacia unos profundos bosques mágicos donde el ritual de paso es de obligado cumplimiento para poder divisar (pensar) con claridad entre la niebla. La artista formula su pensamiento trabajando, lo cual le ha llevado de la ciudad al campo, de una pluma más seca y opaca hacia un pincel húmedo y corrosivo que tercia para que de sus 'pinturas melódicas' se extraigan notas musicales y/o viceversa, de modo un tanto similar, salvando las distancias, a cuando de las esculturas de Oteiza empezaban a 'salir palabras'. En este caso algunas de las alusiones son más bien a los gestos de la escritura caligráfica china, donde curiosamente siempre son las líneas y los elementos semicirculares blancos los que configuran el espacio y no a la inversa, al igual que sucede con las densas y difusas nubes blancas sobre el tintado 'fondo' negro. Si entre la mirada y el territorio media el paisaje, entre el acto de observar y el objeto en sí subyace la técnica. Fruto de la aplicación de unos saberes y conocimientos acuñados así como de herramientas tangibles y conceptuales, entre la praxis y el resultado linda la destreza; y volviendo a Cézanne para finalizar, necesitamos "que haya aire entre los objetos para pintar bien. Igual que hace falta sensación entre las ideas para pensar bien".

  Isusko Vivas Ziarrusta

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